Me costaría no concordar con ustedes. Uno de nuestros problemas más grandes, quizá, es una suerte de nostalgia por una lengua deviniente. Por otra parte, no sé si me tomaría tan a pecho las declaraciones de García Yebra. Me parecen autorizadas como la de cualquier persona, pero prefiero recordar a San Agustín en ese aspecto, y su idea de que nuestras expresiones no nos muestran el carácter de lo otro, sino que son una exteriorización de nosotros mismos. Habría que ver qué dice eso del esnobismo de nuestro amigo Yebra.
Saludos a todos
|