Re: Traducción y teoría del caos: un dilema ético
No sé, pero no encuentro relación entre "tener derecho" y "dilema ético" con la teoría del caos y cualquier cosa relacionada con las componentes estocásticas de la realidad. Sé que vivo en un universo causal, y por lo tanto todo lo que haga u omita hacer es causa concurrente a infinidad de hechos futuros que acaecerán incluso mucho después de que me haya ido. Esos hechos son, en lo que tengan de estocásticos, impredecibles para mí, así que no veo qué responsabilidad tenga sobre ellos. Diferente es cuando un hecho tiene consecuencias predecibles y uno puede o no poner en marcha los acontecimientos.
En el campo de la traducción, que no es el mío, me imagino que las elecciones son como las que tomo a diario en el campo de la enseñanza: explicar algo bien y completo implica que la mayoría de los alumnos se lo pierdan; explicar algo de manera incompleta y con algunas aproximaciones groseras implica que una mayor proporción podrá gozar de algún grado de conocimiento y de sus consecuencias útiles. Yo tomo decisiones sobre el uso de mi propio idioma todos los días: si digo "ya se lo dije" delante de un grupo de operarios, se van a quedar pensando que es problema de otro; si digo "ya se los dije" (una aberración desde el punto de vista lingüístico), van a estar como grupo atentos a lo que pase, y si no lo han captado lo van a preguntar. Hoy día me dan ganas de decir "les lo dije", pero nadie me entendería.
Yo diría que más que sistemas abiertos, los problemas de traducción a veces tienen componentes abiertas -que cuanto más se los analiza, más soluciones diferentes tienen- pero generalmente tienen mucho de cerrados -cuanto más se los analiza, más perfecta es la solución-. En este último caso todo está gobernado por el principio es de racionalidad limitada: la mejor solución tiene un costo y hay un óptimo entre los recursos invertidos y el resultado obtenido.
A mí, como calculista, me pasa a veces lo que debe de pasarle a un traductor: quieren que haga un trabajo de mala calidad, o que haga suposiciones sobre cosas que pueden mensurarse si uno es suficientemente diligente, todo para ahorrarse centavos. En ese caso, hay discusiones, arreglos, y muchas veces me he negado o he abandonado trabajos porque no estaba de acuerdo. Creo que los mismos dilemas enfrenta el traductor y creo que es mucho más el ruido -ese ruido propio del caos- que se debe crear en las circunstancias económicas, laborales y culturales en las que se desarrolla la tarea, que en la traducción exacta, si tal cosa existiera.
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Si razona el caballo ¡se acabó la equitación! - césaR brutO
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