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El texto infinito
Fue tal vez cuando terminé el traductorado, o por esa época, que me golpeó de repente la sensación de que lo esencial era imposible de comunicar. En otro segmento hablaba de cierta futilidad de nuestra tarea, y la idea me vuelve como suelen volver esas pequeñas verdades pasajeras que uno atrapa por momentos: ¿qué es lo que en realidad comunicamos?
El problema afecta mucho más a ciertas discursividades. Es conocido que las ciencias duras, por ejemplo, cuentan con un vocabulario específico y axiomas determinados que hacen la transmisión de conocimientos bastante más directa y, en ciertos aspectos, simple. Es cuando entran en juego elementos que escapan al lenguaje que los límites comienzan a desdibujarse.
De más estaría profundizar en ciertos ejemplos harto conocidos como los de la traducción de la poesía o del teatro, o incluso ahondar en ciertas teorías de traducción. El problema está, en cierta medida, mucho más cerca de Kierkegaard.
Jaspers dice que no puede concebir el pensamiento del siglo XX sin Nietzsche y Kierkegaard, el uno, filólogo, el otro, un danés que estudió en Alemania (con lo cual aprendió a pensar en un idioma extranjero). Gilles Deleuze hablaba de ser un extranjero en su propio idioma, hablar de una manera en la que no habla la mayoría, y daba el ejemplo de Kafka como escritor de la minoría. Esto tiene una directa relación con el pensamiento de la diferencia, que hunde sus raíces en Aristóteles.
Si dejamos a un lado otros conceptos realmente cautivadores como el de "salto de fe", por ejemplo, el pensamiento de Kierkegaard se nos presenta como un pensamiento anti-hegeliano que realmente pone el dedo en la llaga en lo que respecta a la situación del hombre frente al mundo: el hombre está "sólo frente a Dios". Dos aclaraciones: la idea no debe entenderse en el sentido poco feliz del existencialismo y su concepción de la divinidad dista mucho de ser panteísta (a pesar de que mi pobreza expresiva pueda dejar entrever que sea así). Lo importante acá es la idea de soledad frente a Dios, o frente a la circunstancia. Lo importante es la sensación de vacío esa que el pensamiento sartreano heredó (y tan pesada hizo su ética). Un ejemplo sacado de la obra misma de Kierkegaard tal vez ayude a entender el problema.
En Temor y temblor, Kierkegaard se dedica esencialmente a desarrollar una pregunta: ¿cómo pudo Abraham pensar en sacrificar a su hijo por pedido de Dios? Su preocupación es saber cómo Abraham puede desprenderse de la moral en la cual vivía para seguir el designio divino, lo que se le había impuesto ser. Kierkegaard compara el sacrificio no concretado con el de Agamenón, que sacrifica a Ifigenia por cuestiones morales, porque los dioses no iban a favorecer la partida hacia Troya si no recibían a cambio lo que exigían. Si así sucedía, todos los basilei iban a ver truncadas sus intenciones. Es decir, Agamenón actúa en referencia a sus iguales. Piénsese en la situación de Abraham, mientras su hijo le pregunta adónde van, mientras miente por la firme convicción de algo que no puede comunicar. No hablo de religión, sino de sensaciones profundas, de convicciones incrustadas en la carne que responden a un destino particular, de "ser un destino", como decía Nietzsche. Piénsese en Rimbaud, y sus gritos por no poder expresar en la poesía, es decir, ya no en palabras, sino en música, lo que necesitaba expresar, un Rimbaud que quería ser todo en el mundo, pero no podía decirlo, no podía hablarlo. Bergson sería quien diría que las verdades están antes de la palabra; cuando se intenta expresarla en el lenguaje, se la pierde, se escapa, porque las categorías gramaticales con las que pensamos, cualquiera sea el idioma, expresan sólo una parte de ella. En el corazón de todo hay una suerte de laconia, de oscuridad que no puede llegar a verse. Abraham no sabía porqué hacía lo que hacía, y por eso era incomunicable. Incluso esa es la grandeza que tiene el Antiguo Testamento por sobre el Nuevo: el misterio. La divinidad, el mundo, no es algo manifiesto, sino que responde a leyes imposibles de comprender y es la expresión de algo que se escapa al intelecto. ¿Por qué pensar que el lenguaje es diferente? ¿Por qué pensar que incluso el creador del mensaje llega a aprehender la totalidad de sentidos de su discurso? ¿O incluso al revés, que el discurso llega a aprehender la totalidad de perspectivas que puede tenerse de la cosa discutida? Es eso lo que hace posible la conversación, e incluso las diferencias de traducción. Es el "libro de arena" de Borges que se alimenta de su "aleph" (si Borges no se hubiera equivocado y lo hubiera expresado de manera sustantiva. El sustantivo es apenas una manifestación del verbo). Es un texto que se está renovando constantemente, porque expresa en un tiempo y en un espacio algo que no tiene ni tiempo ni espacio. ¿Cómo expresar eso? ¿Cómo aprehenderlo para después volcarlo en otro idioma? Son los sentidos sutiles que nosotros captamos y se pierden en la traducción y, porqué no, los que no captamos, y otros que no capta ni el autor. El texto no deja de ser, después de todo, infinito.
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