Otro chiste de borrachos
Una mujer caía rodando, rodando, rodando por las escalinatas de una enorme catedral. Al pie de las escalinatas pasaba un borracho que cuando la vio aproximarse a los tumbos la esquivó para no chocar y siguió su camino.
Dos hombres, al ver a la mujer que finalmente había llegado al final de su caída, llena de moretones y ensangrentada, corrieron para ayudarla e increparon seriamente al borracho por no haberla ayudado.
El borracho se dió vuelta y tranquilamente dijo...
Buá! Si creía que era promesa nomás...!!
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